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Podría liberar mi alma de su jaula en la primera de las madrugadas,
empapar de sol las palabras que el corazón me envía,
hacerlas semilla, cultivarlas y abastecerlas con mi sangre savia
para convertirlas en flor llamada anhelo,

pero hay una sombra en el tallo,

no la ves,

pero hay una sombra en el tallo
y desliza su guadaña como una aguja
que corta elegante y ligeramente el hielo.

No sé cuántas vidas necesito para silenciar esta pulsión,
este golpe melancólico de histeria que vaticina la jungla,
que congela el instante áspero de imaginación desmesurada.

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