Y solo nos hemos tomado un café

Me gusta tanto llevar la contraria, que me resulta inevitable dejar de hacerlo conmigo misma.

Menuda putada.

Porque me acoplo en lo que no ha sucedido, en lo imaginado, lo intangible, y ansío convertirlo en real pero efímero, en fugaz pero intenso.

Los pasos que ya he depositado sobre el suelo se borran al tiempo que se desprenden mis pies. 

Mientras, los deseos de aquello que se antoja complicado dan vueltas como un tornado en el espacio que hay entre mis dos pulmones.

Una brújula desorientada pero llena de convicción deja reposar en el aire concentrado debajo del cristal un aliento perdido, las palabras se pierden dentro del vaso de café con hielo, hay frío en las dos manos alejadas de cualquier atisbo de tacto.

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