065


En pleno día de verano pasó un cometa y, dulce y violento, atravesó el núcleo de mi cuerpo, el refugio de mi alma.
Aquí ha dejado su halo.
Aquí nace un rastro chispeante e invisible que voy derramando por las ciudades.
Aquí viven estrellas.

064: GUIRNALDAS

Acaba de entrar por la ventana una casualidad etérea y caduca;
se ha adentrado y ha traspasado mi mirada como un brillo.

Encontrarla es como purificarse a través de un rayo que cruza el pensamiento
–de él me he alimentado.


Encontrarte es revelar la misma percepción en tu consciencia
y hacer bailar tu certeza y la mía,
hacer bailar los destellos y frotarlos
hasta crear un núcleo de luz, calor y rumbo.

Así que, dime:
¿tú también la has visto?

CCLXXII

La esperanza asusta.
Hay un miedo que adorna los bordes de la palabra futuro
y un alma oculta, guardada en su sombra, que quiere escapar.

062

Las puertas del Pompidou se sellan como el cierre de los párpados que precede al sueño
París jadea murmullos secos sobre el asfalto, Stravinsky compone melodías de agua
Camino. Otro árbol balancea mecánicamente sus ramas
Sus ramas adornan el ritmo de mis pasos
Mis pasos se estremecen porque suenan a eco
El recuerdo dispara tiernamente en blanco y negro sobre la fascinación
Puedo verlo brillar desde la cima de esta estrella
Es un espejismo


061

Podría liberar mi alma de su jaula en la primera de las madrugadas,
empapar de sol las palabras que el corazón me envía,
hacerlas semilla, cultivarlas y abastecerlas con mi sangre savia
para convertirlas en flor llamada anhelo,

pero hay una sombra en el tallo,

no la ves,

pero hay una sombra en el tallo
y desliza su guadaña como una aguja
que corta elegante y ligeramente el hielo.

No sé cuántas vidas necesito para silenciar esta pulsión,
este golpe melancólico de histeria que vaticina la jungla,
que congela el instante áspero de imaginación desmesurada.

Románticos e ideales

Ay... A veces recuerdo el primer amor, tan puro, tan adolescente, tan intenso. En ocasiones incluso llego a añorarlo, con su inocencia, su sacrificio gozoso, su efusividad, su euforia... En fin, su ignorancia.

Pero luego pienso un poco más. Quizás lo idealice un poco, no sé. Es lo que tiene aglutinar los retazos de alegrías, de aquellos instantes que llamábamos mágicos. Qué bonito. Creo que me dejo engañar un poco por la fe... Sí, ahora caigo. En realidad sospecho que no era para tanto. De hecho, estoy segura de que no. Lo veo claro: ni de coña.

A veces la mente me funciona un poco regular. Es lo que tiene enfrentarse de golpe a la distorsión tan enrevesada y puñetera que producen los años en un recuerdo. Ah, l'idéalisation de l'amour! Quelle vacherie!

060: MELANCOLÍA

Una libélula se posa sobre mi iris
y deja una sombra de purpurina,
centelleante, movediza,
pero sombra al fin y al cabo.

Sangre de neón en mis venas.
El pulso luminoso de la noche se manifiesta desde y en el movimiento interior.
Las sábanas teñidas de pureza me impulsan a emprender un vuelo irreal.

La nuit...

Ella y yo tan ficticias como la danza en la que nos enredamos.

Poco sé de las estrellas, del vacío del tiempo, del sabor profundo del cuerpo.

Nubes de desvelo,
quietud depositaria de chispas y fuegos,
paz oscura.

Todo esto es la noche.

Melancólico placer
si me deslizo
por el abismo de la tormenta.

059

«La Niña de Fuego te llama la gente
y te están dejando que mueras de sed».
– Manolo Caracol

atravieso el tiempo en el vagón, la acera ardiente, el ascensor, la habitación
el ímpetu cae como una lluvia de verano

transformo con cariño el tiempo en destrucción
nazco y muero, me regocijo en la incertidumbre
gozo con la incertidumbre
gozo con la antiexploración de mi alma
acaricio la inmortalidad del horizonte
lejano e imposible
como el mañana
mañana no existiré de nuevo
mañana no existe

en el centro más profundo del océano
subsisto
me rodeo de una atmósfera latosa pero cálida
estoy fabricando una constelación con respiros, treguas y soledades
una red de vínculos hechos de azar
dejo la responsabilidad a la suerte, o a la muerte

este vacío me adivina libre
me lanza hacia un paisaje inmóvil

punto y línea sobre plano
lo espiritual en la parte
del grito naciente en los huecos que adornan mis costillas

duermo y sueño sobre un aullido

a veces escribo mucho, pienso poco y guardo demasiado
y no sé si miento o escondo

automática e involuntaria asfixio otro día
lapido el eco de las emociones ya remotas

soy un sueño distante de la existencia antecedente
soy un fantasma
soy un resultado
soy onírica
soy el temblor, la agitación del motivo que se esconde en lo latente

058: 25 de junio en Benicàssim

(El 25 de junio de 2017, se llevó a cabo, junto al mar Mediterráneo, un recital de mujeres poetas. Sus voces se unieron contra la violencia y, hoy, la lucha sigue.)

Miro el mar y veo los sueños truncados
diluyéndose como la sal.

La vida perdida está en esta playa,
el lamento se escucha a través de los ecos de unas mujeres poetas
que desgarran su canto.

Me dicen en silencio que son dos más,
que somos dos más
las flores muertas, enterradas
bajo la asfixia de un poder cruel y aposentado
en los muros que os aislaban.

Todas somos flores, a veces vivas, a veces muertas,
pero siempre sangrantes.

En nosotras se respira la esperanza
mas también el dolor,
brota el sueño
y acecha la niña inconsciente de los juicios
que un día se nos arrancó.

Cada muerte es un sello de fuego en la piel,
cada muerte es la propia muerte,
el acecho del miedo que quiero arrancar
pero que llevo impregnado en la epidermis
como la humedad de esta ciudad.

Nuestras súplicas son como gritos que escupimos desde las tinieblas del océano,
ahogadas, cadavéricas, rogamos
la absolución del pecado y el castigo.

Mánchame las palmas de las manos de sangre
mas déjame amarrarte, hermana.
Convierte tus suspiros en viento, en gigante, en ola.
Arrasa, mata y desmáyate de fuerza y de ímpetu.

Despierta
en esta playa,
levántate,
anda,
acércate,
estamos,
estamos aquí,
somos la lucha,
sumérgete en el anhelo común y
sedúcete,
fascínate con este
deseo de vida.

Y solo nos hemos tomado un café

Me gusta tanto llevar la contraria, que me resulta inevitable dejar de hacerlo conmigo misma.

Menuda putada.

Porque me acoplo en lo que no ha sucedido, en lo imaginado, lo intangible, y ansío convertirlo en real pero efímero, en fugaz pero intenso.

Los pasos que ya he depositado sobre el suelo se borran al tiempo que se desprenden mis pies. 

Mientras, los deseos de aquello que se antoja complicado dan vueltas como un tornado en el espacio que hay entre mis dos pulmones.

Una brújula desorientada pero llena de convicción deja reposar en el aire concentrado debajo del cristal un aliento perdido, las palabras se pierden dentro del vaso de café con hielo, hay frío en las dos manos alejadas de cualquier atisbo de tacto.

057

Qué lejos queda el alma incomprendida del cuerpo

cuando acoge un espacio común entre la realidad y el sueño;

cuando en un intento de cazar una brisa de calor durante su vuelo
aun fuera de lo corpóreo guarda
un envoltorio humano – imán para los peros y la codicia de razón.

Se estampa la acrobacia de escape contra la atmósfera.

La retención en el momento y el lugar,
el precio a pagar por la existencia tangible.

056

Las estaciones llegan tarde
mientras el frío circula por las vías
resquebrejando el camino,
impregnando el cuerpo que se mueve sin moverse
a través de la cápsula del tiempo.

Una gata se cuela sin permiso en el silencio de la espera,
en el silencio de los pensamientos que rellenan la espera.
La ausencia de la espera,
la luz al principio del camino,
las motas de polvo que se pierden en el rastro dinámico.

Algo parece que llega cuando se dibuja un brillo en la oscuridad.
Oigo voces en mi cabeza,
pero me despierta la alarma de una ambulancia.
Puedo descender a un lago de aire denso como el aceite:
introducirme, reposar, flotar, desaparecer...,
mas la realidad siempre me impide llegar al final de mi trance.
(¿Qué habrá allí?
Dormir, tal vez soñar...)

Pasos alejados de mis pies.
Edificios que se apartan de mi mirada.
Cielo en desenfoque.

Mañana es un comienzo que no quiere ser,
que no se convence de su irremediabilidad.

Aún así pasan las horas
y pese a la evasión de los estados del tiempo
el día surgira sin remedio como otro despertar.

Paseo entre las diferentes posibilidades de realidad.

055

Tengo tanto silencio...:
silencio en la habitación,
silencio en la estantería,
silencio en el papel en blanco,
silencio en los garabatos,
silencio en los párpados,
silencio en la saliva,
silencio en las entrañas,
silencio en los sentidos,
silencio en la caricia.

Me envuelvo en el silencio durante la noche,
aprendo del silencio, lo elevo
a la categoría de didáctica para la supervivencia.

En silencio despierto,
en silencio
mi despertar de vida.

Se ha cobijado una cría entre mis pechos.
Hay paz en su aliento, tacto invisible de terciopelo.
Tal vez sea un latido entre el ser y el mundo.

Silencio.

Frases de Rayuela, de Julio Cortázar

El orden de las frases de este libro corresponde al segundo modo de lectura de Rayuela, es decir, el orden de capítulos inusual que Julio Cortázar propone al comienzo de su «contranovela».

Para saber más sobre esta estructura y sobre la obra en general puedes leer la reseña haciendo click aquí.

  • La quemadura central que avanza como la madurez paulatina en el fruto.
  • Así es como París nos destruye despacio, deliciosamente, triturándonos entre flores viejas y manteles de papel con manchas de vino, con su fuego sin color que corre al anochecer saliendo de los portales carcomidos.
  • Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.
  • Y mirá que apenas nos conocíamos y ya la vida urdía lo necesario para desencontrarnos minuciosamente.
  • Llegué a aceptar el desorden de la Maga como la condición natural de cada instante.
  • No había un desorden que abriera puertas al rescate, había solamente suciedad y miseria, vasos con restos de cerveza, medias en un rincón, una cama que olía a sexo y a pelo, una mujer que me pasaba su mano fina y transparente por los muslos, retardando la caricia que me arrancaría por un rato a esa vigilancia en pleno vacío.
  • Feliz de ella que podía creer sin ver, que formaba cuerpo con la duración, el continuo de la vida. Feliz de ella que estaba dentro de la pieza, que tenía derecho de ciudad en todo lo que tocaba y convivía, pez río abajo, hoja en el árbol, nube en el cielo, imagen en el poema. Pez, hoja, nube, imagen: exactamente eso, a menos que...
  • Es muy simple, toda exaltación o depresión me empuja a un estado propicio a
    lo llamaré paravisiones
    es decir (lo malo es eso, decirlo)
    una aptitud instantánea para salirme, para de pronto desde fuera aprehenderme, o de dentro pero de otro plano, como si yo fuera alguien que me está mirando.
    (mejor todavía porque en realidad no me veo: como alguien que está viviendo)
    No dura nada, dos pasos en la calle, el tiempo de respirar profundamente (a veces al despertarse dura un poco más, pero entonces es fabuloso)
    y en ése instante sé lo que soy porque estoy exactamente sabiendo lo que no soy (eso que ignoraré luego astutamente). Pero no hay palabras para una materia entre palabra y visión pura, como un bloque de evidencia. Imposible objetivar, precisar ese defectividad que aprehendí en el instante y que era clara ausencia o claro error o clara insuficiencia, pero
    sin saber de qué qué.
    Otra manera de tratar de decirlo: Cuando es eso, ya no estoy mirando hacia el mundo, de mía  lo otro, sino que por un segundo soy el mundo, el plano de fuera, lo demás mirándome. Me veo como pueden verme los otros. Es inapreciable: por eso dura apenas. Mido mi defectividad, advierto todo lo que por ausencia o defecto no nos vemos nunca. Veo lo que no soy. Por ejemplo (esto lo armo de vuelta, pero sale de ahí): hay enorme zonas a las que no he llegado nunca, y lo que no se ha conocido es lo que no se es. Ansiedad por echar a correr, entrar en una casa, en esa tienda, saltar a un tren, devorar todo Jouhandeau, saber alemán, conocer Aurangabad… Ejemplos localizados y lamentables pero que pueden dar una idea (¿una idea?).
    Otra manera de decirlo: Lo defectivo se siente más como una pobreza intuitiva que como una mera falta de experiencia. Realmente no me aflige gran cosa no haber leído todo Jouhandeau, a  lo sumo la melancolía de una vida demasiado corta para tantas bibliotecas, etc. La falta de experiencia es inevitable, si leo a Joyce estoy sacrificando automáticamente otro libro y viceversa, etc. La sensación de falta es más aguda en
    Es un poco así: hay líneas de aire a los lados de tu cabeza, de tu mirada,
    zonas de detención de tus ojos, tu olfato, tu gusto,
    es decir que andás con tu límite por fueray más allá de ese límite no podés llegar cuando creés que has aprehendido plenamente cualquier cosa, la cosa lo mismo que un iceberg tiene un pedacito por fuera y te lo muestra, y el resto enorme está más allá de tu límite y así es como se hundió el Titanic. Heste Holiveira siempre con sus hejemplos.
    A la ameba uso nostro lo desconocido se le acerca por todas partes. Puedo saber mucho o vivir mucho en un sentido dado, pero entonces lo otro se arrima por el lado de mis carencias y me rasca la cabeza con su uña fría. Lo malo es que me rasca cuando no me pica, y a la hora de la comezón –cuando quisiera conocer-, todo lo que me rodea está plantado, tan ubicado, tan completo y macizo y etiquetado, que llego a creer que soñaba, que estoy bien así, que me defiendo bastante y que no debo dejarme llevar por la imaginación.
  • Metafísicas ansiedad de experiencia planetaria.
  • Los gatos (…), dueños del tiempo y de las baldosas tibias.
  • Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido.
  • Y así uno puede reírse, y creer que no está hablando en serio, pero sí se está hablando en serio, la risa ella sola ha cavado más túneles útiles que todas las lágrimas de la tierra.
  • Puede ser que haya otro mundo dentro de éste, pero no lo encontraremos recortando su silueta en el tumulto fabuloso de los días y las vidas, no lo encontraremos en la atrofia ni en la hipertrofia. Ese mundo no existe, hay que crearlo como el Fénix.
  • Digamos que el mundo es una figura, hay que leerla. Por leerla entendamos generarla.
  • Por lo demás hay que ser imbécil, hay que ser poeta, hay que estar en la luna de Valencia para perder más de cinco minutos con estas nostalgias perfectamente liquidables a corto plazo.
  • En alguna risa, en alguna lágrima, la sobrevivencia del reino.
  • Todo lo que oscuramente necesitaba pensar y no podía pensar.
  • La lenta cuchillada boca arriba que rompe las estrellas de la noche y devuelve el espacio a las preguntas y a los terrores.
  • La magnificó a constelación.
  • La libertad, única ropa que le caía bien a la Maga.
  • Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.
    Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
  • Una alegría absurda nos tomaba de la cintura, y vos cantabas arrastrándome a cruzar la calle, a entrar en el mundo de los peces colgados el aire.
  • La ciudad donde el amor se llama con todos los nombres de todas las calles, de todas las casas, de todos los pisos, de todas las habitaciones, de todas las camas, de todos los sueños, de todos los olvidos o los recuerdos.
  • Amor mío, no te quiero por vos ni por mí ni por los dos juntos, no te quiero porque la sangre me llame a quererte, te quiero porque no sos mía, porque estás del otro lado, ahí donde me invitás a saltar y no puedo dar el salto, porque en lo más profundo de la posesión no estás en mí, no te alcanzo, no paso de tu cuerpo, de tu risa, hay horas en que me atormenta que me ames (…), me atormenta tu amor que no me sirve de puente porque un puente no se sostiene de un solo lado.
  • Un amor pasaporte, amor pasamontañas, amor llave, amor révolver, amor que le dé los mil ojos de Argos, la ubicuidad, el silencio desde donde la música es posible, la raíz desde donde se podría empezar a tejer una lengua.
  • Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. (…) A Beatriz no se la elige, a Julieta no se la elige. Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto.
  • Tenemos que pensar, lo que se llama pensar, es decir sentir, situarse y confrontarse antes de permitir el paso de la más pequeña oración principal o subordinada.
  • París es un centro, entendés, un mandala que hay que recorrer sin dialéctica, un laberinto donde las fórmulas pragmáticas no sirven nada más que para perderse.
  • París danzaba afuera esperándonos, apenas habíamos desembarcado, apenas vivíamos, todo estaba por ahí sin nombre y sin historia.
  • La vida, un ballet sobre un tema histórico, una historia sobre un hecho vivido, un hecho vivido sobre un hecho real.
  • Un contacto perdido se reestablece.
  • Una mano de humo lo llevaba de la mano, lo iniciaba en un descenso, si era un descenso, le mostraba un centro, si era un centro, le ponía en el estómago, donde el vodka hervía dulcemente cristales y las burbujas, algo que otra ilusión infinitamente hermosa y desesperada había llamado en algún momento inmortalidad.
  • La cosidad es ese desagradable sentimiento de que allí donde termina nuestra presunción empieza nuestro castigo.
  • En una palabra, le revienta la circunstancia. Más brevemente, le duele el mundo.
  • La vida había sido eso, trenes que se iban llevándose y trayéndose a la gente mientras uno se quedaba en la esquina con los pies mojados, oyendo un piano mecánico y carcajadas manoseando las vitrinas amarillentas de la sala donde no siempre se tenía dinero para entrar.
  • Huelen despacio y dulcemente a perfume y a piel y a calor.
  • ¿Por qué entonces la inquietud, si no era la manida atracción de los contrarios, la nostalgia de la vocación y la acción?
  • Alguna vez había creído en el amor como enriquecimiento, exaltación de las potencias intercesoras. Un día se dio cuenta de que sus amores eran impuros porque presuponían esa esperanza, mientras que el verdadero amante amaba sin esperar nada fuera del amor, aceptando ciegamente que el día se volviera más azul y la noche más dulce y el tranvía menos incómodo.
  • Ah sí, el tacto que reemplaza las definiciones, el instinto que va más allá de la inteligencia. La vía mágica, la noche oscura del alma.
  • En mitad del gran desorden me sigo creyendo veleta, al final de tanta vuelta hay que señalar un norte, un sur.
  • Oh mi amor, te extraño, me dolés en la piel, en la garganta, cada vez que respiro es como si el vacío me entrara en el pecho donde ya no estás.
  • Cada vez iré sintiendo menos y recordando más, pero qué es el recuerdo sino el idioma de los sentimientos, un diccionario de caras y días y perfumes que vuelven como los verbos y los adjetivos en el discurso, adelantándose solapados a la cosa en sí, al presente puro, entristeciéndonos o aleccionándonos vicariamente hasta que el propio ser se vuelve vicario, la cara que mira hacia atrás abre grandes los ojos, la verdadera cara se borra poco a poco como en las viejas fotos y Jano es de golpe cualquiera de nosotros.
  • Cada vez más seguro de que soñaba y que le gustaba seguir soñando.
  • Una sensación como de poder dar un paso adelante, un paso de verdad, algo sin pies y sin piernas, un paso en mitad de una pared de piedra, y poder meterse ahí y avanzar y salvarse de lo otro, de la lluvia en la cara y el agua en los zapatos.
  • Con un gesto tan lento que era como quitarse una montaña de los hombros.
  • Es mucho más fácil hablar de las cosas tristes que de las alegres.
  • Adivina que en alguna parte de París, en algún día o alguna muerte o algún encuentro hay una llave; la busca como un loco. Fíjese que digo como un loco. Es decir que en realidad no tiene conciencia de que busca la llave, ni de que la llave existe. Sospecha sus figuras, sus disfraces, por eso hablo de metáfora.
  • Volvía como un fósforo cuando se lo prende y le crece de golpe todo el pelo, apenas dura un segundo pero es maravilloso, una especie de chirrido, un olor a fósforo muy fuerte y esa llama enorme que después se estropea. Él volvía así y era porque Pola lo llenaba de hermosura.
  • El alacrán clavándose el aguijón, harto de ser un alacrán pero necesitado de alacranidad para acabar con el alacrán.
  • (…) el problema de la realidad no se enfrenta con suspiros.
  • – Somos muy diferentes –dijo Ronald–, lo sé muy bien. Pero nos encontramos en algunos puntos exteriores a nosotros mismos. Vos y yo miramos a esa lámpara, a lo mejor no vemos la misma cosa, pero tampoco podemos estar seguros de que no vemos la misma cosa. Hay una lámpara ahí, qué diablos.
  • Inercia. Todo dura siempre un poco más de lo que debería.
  • Tanta palabra para lavarse de otras palabras.
  • Un ajedrez infinito, tan fácil postularlo. Pero el frío entra por una suela rota, en la ventana de ese hotel una cara como de payaso hace muecas detrás del vidrio. La sombra de una paloma roza un excremento de perro: París.
  • No hay sustancias más letales que esas que se cuelan por cualquier parte, que se respiran sin saberlo, en las palabras o en el amor o en la amistad.
  • (…) se ven como halos en los vidrios de la ventana (…).
  • (…) las camas huelen a noche y a sueño pesado (…).
  • (…) el mundo ya no importa si uno no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero (…).
  • En los cafés me acuerdo de los sueños, un no man's land suscita al otro; ahora me acuerdo de uno, pero no, solamente me acuerdo de que debí soñar algo maravilloso y que al final me sentía como expulsado (o yéndome, pero a la fuerza) del sueño que irremediablemente quedaba a mis espaldas. No sé si incluso se cerraba una puerta detrás de mí, creo que sí; de hecho se establecía una separación entre lo ya soñado (perfecto, esférico, concluido) y el ahora). Pero yo seguía durmiendo, lo de la expulsión y la puerta cerrándose también lo soñé. Una certidumbre sola y terrible dominaba ese instante de tránsito dentro del sueño: saber que irremiseblemente esa expulsión comportaba el olvido total de la maravilla previa. Supongo que la sensación de puerta cerrándose era eso, el olvido fatal e instantáneo. Lo más asombroso es acordarme también de haber soñado que me olvidaba del sueño anterior, y de que ese sueño tenía que ser olvidado (yo expulsado de su esfera concluida).
  • (…) esas pasiones donde voy dejando pedazos de tiempo y de piel (…).
  • Mon petit café-crème le matin, si agréable...
  • Me estoy atando los zapatos, contento, silbando, y de pronto la infelicidad. Pero esta vez te pesqué, angustia, te sentí previa a cualquier organización mental, al primer juicio de negación. Como un color gris que fuera un dolor y fuera el estómago. Y casi a la par (pero después, esta vez no me engañás) se abrió paso el repertorio inteligible, con una primera idea explicatoria: «Y ahora vivir otro día, etc.». De donde se sigue: «Estoy angustiado porque... etc.».
    Las ideas a vela, impulsadas por el viento primordial que sopla desde abajo (pero abajo es sólo una localización física). Basta un cambio de brisa (¿pero qué es lo que la cambia de cuadrante?) y al segundo están aquí las barquitas felices, con sus velas de colores. «Después de todo no hay razón para quejarse, che», ese estilo.

    Me desperté y vi la luz del amanecer en las mirillas de la persiana. Salía de tan adentro de la noche que tuve como un vómito de mí mismo, el espanto de asomar a un nuevo día con su misma presentación, su indiferencia mecánica de cada vez: conciencia, sensación de luz, abrir los ojos, persiana, el alba.
    En ese segundo, con la omnisciencia del semisueño, medí el horror de lo que tanto maravilla y encanta a las religiones: la perfección eterna del cosmos, la revolución inacabable del globo sobre su eje. Náusea, sensación insoportable de coacción. Estoy obligado a tolerar que el sol salga todos los días. Es monstruoso. Es inhumano.Antes de volver a dormirme imaginé (vi) un universo plástico, cambiante, lleno de maravilloso azar, un cielo elástico, un sol que de pronto falta o se queda fijo o cambia de forma.
    Ansié la dispersión de las duras constelaciones, esa sucia propaganda luminosa del Trust Divino Relojero.
  • (…) estabas siempre tan al borde de la desesperación en el centro mismo de la alegría y del desenfado, había tanta niebla en tu corazón desconcentrado.
  • Pero qué hermosa estabas en la ventana, con el gris del cielo posado en una mejilla, las manos tendiendo el libro, la boca siempre un poco ávida, los ojos dudosos. Había tanto tiempo perdido en vos, eras de tal manera el moldo de lo que hubieras podido ser bajo otras estrellas, que tomarte en los brazos y hacerte el amor se volvían una tarea demasiado tierna, demasiado lindante con la obra pía (…).
  • ¿Por qué, aciertas horas, es tan necesario decir: «Amé esto»? Amé unos blues, una imagen en la calle, un pobre río seco del norte. Dar testimonio, luchar contra la nada que nos barrerá. Así quedan todavía en el aire del alma esas pequeñas cosas, un gorrioncito que fue de Lesbia, unos blues que ocupan en el recuerdo el sitio menudo de los perfumes, las estampas y los pisapapeles.
  • Morelliana.¿Por qué escribo esto? No tengo ideas claras, ni siquiera tengo ideas. Hay jirones, impulsos, bloques, y todo busca una forma, entonces entra en juego el ritmo y yo escribo dentro de ese ritmo, escribo por él, movido por él y no por eso que llaman el pensamiento y que hace la prosa, literaria u otra. Hay primero una situación confusa, que sólo puede definirse en la palabra; de esa penumbra parto, y si lo que quiero decir (si lo que quiere decirse) tiene suficiente fuerza, inmediatamente se inicia el swing, un balanceo rítmico que me saca a la superficie, lo ilumina todo, conjuga esa materia confusa y el que la padece en una tercera instancia clara y como fatal: la frase, el párrafo, la página, el capítulo, el libro. Ese balanceo, ese swing en el que se va informando la materia confusa, es para mí la única certidumbre de su necesidad, porque apenas cesa comprendo que no tengo ya nada que decir. Y también es la única recompensa de mi trabajo: sentir que lo que he escrito es como un lomo de gato bajo la caricia, con chispas y un arquearse cadencioso. Así por la escritura bajo al volcán, me acerco a las Madres, me conecto con el centro –sea lo que sea. Escribir es dibujar mi mandala y a la vez recorrerlo, inventar la purificación purificándose; tarea de pobre shamán blanco con calzoncillos de nylon.
  • Con tinta roja y manifiesta complacencia, Morelli había copiado en una libreta el final de un poema de Ferlighetti:

    Yet I have slept with beauty
    in my own weird way
    and I have made a hungry scene or two
    with beauty in my bed
    and so spilled out another poem or two
    and so spilled out another poem or two
    upon the Bosch-like world.
  • Cómo cansa ser todo el tiempo uno mismo.
  • Por una vez no le era penoso ceder a la melancolía.
  • Y aunque deseo fuese también una vaga definición de fuerzas incomprensibles, se lo sentía presente y activo, presente en cada error y también en cada salto adelante, eso era ser el hombre, no ya un cuerpo y un alma sino esa totalidad inseparable, ese encuentro incesante con las carencias, con todo lo que le habían robado al poeta, la nostalgia vehemente de un territorio donde la vida pudiera balbucearse desde otras brújulas y otros nombres.
  • Probablemente iba a llover, el sauce estaba como suspendido en un aire húmedo.
  • Deseducación de los sentidos, abrir a fondo la boca y las narices y aceptar el peor de los olores, la mugre humana.
  • La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita, un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo (Et tous nos amours, sollozó Emmanuèlle boca abajo), lo malo es que justamente a esa altura, cuando casi nadie ha aprendido a remontar la piedrita hasta el Cielo, se acaba de golpe la infancia y se cae en las novelas, en la angustia al divino cohete, en la especulación de otro Cielo al que también hay que aprender a llegar. Y porque se ha salido de la infancia (Je n'oublierai pas le temps des cérises, pataleó Emmanuèle en el suelo), se olvida que para llegar al Cielo se necesitan, como ingredientes, una piedrita y la punta de un zapato.
  • Y así es como los que nos iluminan son los ciegos.
    Así es como alguien, sin saberlo, llega a mostrarte irrefutablemente un camino que por su parte sería incapaz de seguir. La Maga no sabrá nunca cómo su dedo apuntaba hacia la fina raya que triza el espejo, hasta qué punto ciertos silencios, ciertas atenciones absurdas, ciertas carreras de ciempiés deslumbrado eran el santo y seña para mi bien plantado estar en mí mismo, que no era estar en ninguna parte. En fin, eso de la fina raya... Si quieres ser feliz como me dices / No poetices, Horacio, no poetices.
    Visto objetivamente: Ella era incapaz de mostrarme nada dentro de mi terreno, incluso en el suyo giraba desconcertada, tanteando, manoteando. Un murciélago frenético, el dibujo de la mosca en el aire de la habitación. De pronto, para mí sentado ahí mirándola, un indicio, un barrunto. Sin que ella lo supiera, la razón de sus lágrimas o el orden de sus compras o su manera de freír las papas eran signos.
  • Antes de desembarcar en la mamá patria, Oliveira había decidido que todo lo pasado no era pasado y que solamente una falacia mental como tantas otras podía permitir el fácil expediente de imaginar un futuro abonado por los juegos ya jugados.
  • Mi diagnóstico es sencillo: / Sé que no tengo remedio.
  • (…) un escándalo secreto, una herida que sangra.
  • Órbitas aisladas, de cuando en cuando dos manos que se estrechan, una charla de cinco minutos, un día en las carreras, una noche en la ópera, un velorio donde todos se sienten un poco más unidos (y es cierto, pero se acaba a la hora de la soldadura). Y al mismo tiempo uno vive convencido de que los amigos están ahí, de que el contacto existe, de que los acuerdos o los desacuerdos son profundos y duraderos. Cómo nos odiamos todos, sin saber que el cariño es la forma presente de ese odio, y cómo la razón del odio profundo en esta excentración, el espacio insavable entre yo y vos, entre esto y aquello.
  • (…) las lívidas flores del espacio.
  • «Esto que creo la realidad», pensó Oliveira, acariciando el tablón, apoyándose en él. «Esta vitrina arreglada, iluminada por cincuenta o sesenta siglos de manos, de imaginaciones, de compromisos, de pactos, de secretas libertades.»
    – Parece mentira que peine canas –decía la señora de negro.
    «Pretender que uno es el centro», pensó Oliveira, apoyándose mas cómodamente en el tablón. «Pero es incalculablemente idiota. Un centro tan ilusorio como lo sería pretender la ubicuidad. No hay centro, hay una especie de confluencia continua, de ondulación de la materia. A lo largo de la noche yo soy un cuerpo inmóvil, y del otro lado de la ciudad un rollo de papel se está convirtiendo en el diario de la mañana, y a las ocho y cuarenta yo saldré de casa y a las ocho y veinte el diario habrá llegado al kiosko de la esquina, y a las ocho y cuarenta y cinco mi mano y el diario se unirán y empezarán a moverse juntos en el aire, a un metro del suelo, camino del tranvía...».
  • –Las ventanas son los ojos de la ciudad –dijo Traveler– y naturalmente deforman todo lo que miran. Ahora estás en un punto de gran pureza, y quizá ves las cosas como una paloma o un caballo que no saben que tienen ojos.
  • Terrible tarea la de chapotear en un círculo cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna, por decirlo escolásticamente.
  • (…) miró la calle donde un diario abierto se dejaba leer indefenso por un cielo estrellado y como palpable.
  • El puente sólo desaparecería con la luz de la mañana, con la reaparición del café con leche que devuelve a las construcciones sólidas y arranca la telaraña de las altas horas a manotazos de boletín radial y ducha fría.
  • Haber creído ver a La Maga era menos amargo que la certidumbre de que un deseo incontrolable la había arrancado del fondo de eso que definían como subconsciencia y proyectado contra la silueta de cualquiera de las mujeres de a bordo. Hasta ese momento había creído que podía permitirse el lujo de recordar melancólicamente ciertas cosas, evocar a su hora y en la atmósfera adecuada determinadas historias, poniéndoles fin con la misma tranquilidad con que aplastaba el pucho en el cenicero. Cuando Traveler le presentó a Talita en el puerto, tan ridícula con ese gato en la canasta y un aire entre amable y Alida Valli, volvió a sentir que ciertas remotas semejanzas condensaban bruscamente un falso parecido total, como si de su memoria aparentemente tan bien compartimentada se arrancara de golpe un ectoplasma capaz de habitar y completar otro cuerpo y otra cara, de mirarlo desde fuera con una mirada que él había creído reservada para siempre a los recuerdos.
  • De golpe era un pozo cayendo infinitamente en sí mismo.
  • Tal vez el amor fuera el enriquecimiento más alto, un dador de ser; pero sólo malográndolo se podía evitar su efecto bumerang, dejarlo correr al olvido y sostenerse, otra vez solo, en ese nuevo peldaño de realidad abierta y porosa.
  • Hubiera sido tan fácil organizar un esquema coherente, un orden de pensamiento y de vida, una armonía. Bastaba la hipocresía de siempre, elevar el pasado a valor de experiencia, sacar partido de las arrugas de la cara, del aire vivido que hay en las sonrisas o los silencios de más de cuarenta años. Después uno se ponía un traje azul, se peinaba las sienes plateadas y entraba en las exposiciones de pintura, en la Sade y en el Richmond, reconciliado con el mundo. Un escepticismo discreto, un aire de estar de vuelta, un ingreso cadencioso en la madurez, en el matrimonio, en el sermón paterno a la hora del asado o de la libreta de clasificaciones insatisfactoria. Te lo digo porque yo he vivido mucho. Yo que he viajado. Cuando yo era muchacho. Son todas iguales, te lo digo yo. Te hablo por experiencia, m'hijo. Vos todavía no conocés la vida.
  • (…), las palabras que falsean las intuiciones, las petrificaciones simplificantes, los cansancios en que lentamente se va sacando del bolsillo del chaleco la bandera de la rendición.
  • Las voces de todas las piedras del mundo resuenan en todas las cataratas y barrancas del mundo, con hilillos de voces de plata, ocasión infinita de amar a las mujeres y a Dios...
  • A La Maga le hubiera pasado lo mismo, es incapaz de perseverar, no tiene el menor sentido de las distancias, el tiempo se le hace trizas en las manos, anda a los tropezones con el mundo. Gracias a lo cual, te lo digo de paso, es absolutamente perfecta en su manera de denunciar la falsa perfección de los demás.
  • Talita se corrió un poco en la cama y se apoyó contra Traveler. Sabía que estaba otra vez de su lado, que no se había ahogado, que él la estaba sosteniendo a flor de agua y que en el fondo era una lástima, una maravillosa lástima. Los dos lo sintieron en el mismo instante, y resbalaron el uno hacia el otro como para caer en ellos mismos, en la tierra común donde las palabras y las caricias y las bocas los envolvían como la circunferencia al círculo, esas metáforas tranquilizadoras, esa vieja tristeza satisfecha de volver a ser el de siempre, de continuar, de mantenerse a flote contra viento y marea, contra el llamado y la caída.
  • Dos mundos distantes, ajenos, casi siempre inconciliables, entran en nuestras palabras.

Rayuela, de Julio Cortázar

¡Hola, gente!

Por fin tengo el gusto de escribiros sobre Rayuela, la obra más conocida del escritor Julio Cortázar y la cual guardé durante mucho tiempo para poder leerla en alguna etapa de mi vida en la que tuviera suficiente tiempo y tranquilidad. Lo decidí así ya que es un libro con múltiples referencias y que da para reflexionar e inspirarse, así que después de casi dos años en la estantería, por fin lo devoré.



Rayuela fue publicada por primera vez en 1963, convirtiéndose en una referencia mundial de la literatura hispanoamericana. Llama la atención la construcción de la novela por parte de Cortázar que, en un intento (conseguido) de involucrar al autor, ideó diversas maneras de leer el relato, tal como ilustra la siguiente imagen, una de las páginas que precede a la historia en el libro:


Curioso, ¿verdad? Pues bien, creo importante decir que, en mi caso, yo decidí seguir el orden que corresponde al «segundo libro» y que es el de la lista de capítulos que dejó el autor en esta página.

Contextualizando la historia, esta se desarrolla al principio en París, donde alrededor del protagonista, Horacio Oliveira, se suceden las diferentes tramas. Otros personajes importantes son La Maga, con quién Horacio mantiene una relación, el hijo de esta: Rocamadour, el grupo de amigos e intelectuales del prota... Más adelante también aparece Argentina y otras personas relevantes de este emplazamiento como Talita y Traveler.

Teniendo en cuenta la variedad de historias que ofrece Rayuela, tal vez ofrecer un único argumento pueda resultar un poco farragoso. Simplificando, podemos decir que es la historia de Horacio Oliveira, un argentino con pocos recursos, durante dos etapas de su vida y dos lugares diferentes.

En su etapa en París, sus vivencias transcurren en relación a su aventura con La Maga, una mujer pasional y poco racional, en contraposición a la personalidad de Oliveira. También destaca el grupo de colegas apodado como el Club de la Serpiente, entre quienes surgen diálogos y relaciones sobre arte, literatura, o asuntos de índole más personal que aportan gran riqueza al argumento.

La otra parte, la de Buenos Aires, se desenvuelve con la aparición de Talita y Traveler, una pareja amiga de Horacio, gracias a quienes consiga trabajo. Sin embargo, es aquí también donde el protagonista empieza a enloquecer, adoptando comportamientos extraños.


Rayuela no es una historia convencional, no es un relato que se lea de forma lineal, con un principio y un final comunes, no. El carácter poético transcurre durante toda la obra, se observan divagaciones del autor, reflexiones que invitan a pensar y a tomarlas con calma para saborear su significado... Incluso, en ocasiones (y esto es completamente subjetivo), tengo la sensación de que las experiencias de los personajes se alejan de lo real y parecen formar parte de un sueño, de una metáfora que quizás represente mejor aquello que quiso revelar Julio Cortázar.

Si se repasan los «capítulos prescindibles», observaremos que muchos de ellos no son creaciones del autor que pertenecen a la misma historia, sino retazos, fragmentos de otros textos de diferente índole que Cortázar extrajo para introducirlos en su obra.


En mi opinión es una obra más que recomendable, por una parte por lo innovador de su estructura y, por otra, por la manera de contar la historia en sí, los recursos que utiliza su autor, las metáforas, la estética de cada una de sus diferentes capítulos... Eso sí, aconsejo leerla con la mente abierta y con paciencia.

Si te lo estás pensando, te dejo en otra entrada diferentes textos y frases del libro que me han gustado, una pequeña selección personal que te puede dar una idea de de qué va Rayuela. Puedes leerla haciendo click aquí.

¡Y nada más! Estoy poco por aquí porque estoy liada con el TFG, pero para seguir mis lecturas y otros contenidos suelo estar más activa por mi Instagram, donde también informo sobre mis reseñas y cosillas mías.

¡Nos leemos!

Métro Paris

Mi mirada se fijó en el cristal, y en él, mi reflejo me habló durante una milésima de segundo.

Sobre aquella puerta del transporte público se manifestó el carácter imprevisible de algo que se encendía en mi interior. Su figura se exhibía poco a poco por detrás mientras yo seguía esperando de pie la próxima parada en el metro de la capital del mundo. Advertí en la imagen quizás su presencia rodeando mis latidos, apretándolos cada vez más fuerte a medida que se acercaba. Su abrazo volátil se refugiaba en mi cuerpo. Posaba su brazo sobre mis hombros haciendo caer toda mi alma sobre su pecho, y en aquella misma caída se producía el auge.

Sobre el cristal del espejo me encontré, a su lado, y pude admirarle, investigando con su nariz el olor de mi pelo, besando casualmente mi cabeza y convirtiendo el gesto en un primer momento de existencia de su protección. Sobre el cristal del espejo pude admirarnos, como una obra de arte que despierta la sensibilidad más profunda, como un encuentro ajeno que invita a anhelar lo mismo, como la promesa de algo que podría ser.

Y de repente se abrieron las puertas.

Y desaparecimos.

054

se olvida se desvanece se desvanece el olvido se olvida el desvanecimiento se olvida que se ha olvidado todo lo que se ha desvanecido y ya      no      queda      nada

No soy ese tipo de chica, de Lena Dunham

¡Hola, gente!

¿Cómo va la marcha? Hoy os traigo un libro que acabé de leer hace poco: No soy ese tipo de chica, de Lena Dunham. Por lo que he visto, últimamente está a buen precio en muchas tiendas y grandes superficies, así que, si os apetece pillarlo, esta es la ocasión. Yo le eché un vistazo hace un tiempo y cuando lo vi decidí comprarlo.


Para contextualizar os hablaré un poco de su autora, Lena Dunham, que también es la guionista de la serie Girls. Con casi tres millones de seguidores en Instagram, Dunham se ha convertido en, para muchos, una voz de su generación. Ya en 2006, con 20 años, comenzó su carrera en el mundo del cine y, en 2010, ganó su primer premio en su primera película como directora: Tiny Furniture. Solo dos años después comenzó con Girls, trabajo por el que es mayormente conocida en la actualidad. Lena se ha convertido en una influencer más por su manera de tratar temas como su físico, el amor o las experiencias de la vida cotidiana, pero si algo la hace especial es su confianza en sí misma.



Para ilustraros un poco sobre el libro, os dejo el texto que se puede leer en su contraportada:



«Lena Dunham, la aclamada creadora, productora y protagonista de la serie Girls, nos sorprende con una divertidísima, sabia y honesta colección de reflexiones personales que la convierte en una de las escritoras jóvenes con más talento del momento. En No soy ese tipo de chica Dunham habla de aquellas experiencias que hacen de nosotras lo que somos: enamorarse, sentirse solo, pesar cinco kilos de más, hablar en una sala llena de hombres que te doblan la edad, mantener a las buenas amigas, deshacerse de los novios nocivos, encontrar el amor verdadero y, por encima de todo, tener el valor de creer que tu historia merece ser contada.

Dunham cuenta (entre otras cosas) sin tapujos su primera vez y cómo sus expectativas sexuales no encajaron con el acto en sí. También explora su tendencia a sentirse atraída hacia hombres que no le convienen, nos regala una profunda reflexión sobre su obsesión con la muerte, incluso, imagina el libro que escribirá cuando tenga ochenta años y ya no le importe hablar del sexismo y la condescendencia que imperan en Hollywood».



No soy ese tipo de chica muestra, de manera anecdótica, diferentes experiencias de la vida de la autora. Estas se dividen en cinco secciones: Amor y sexo, Cuerpo, Amistad, Trabajo y Panorama general. A través de todas ellas la autora narra experiencias que van desde su infancia hasta el momento actual, es decir, pasa por casi todas las etapas de su vida.

A mí me ha parecido un libro bastante divertido. En alguna ocasión he soltado alguna risa y he disfrutado con la sinceridad, la franqueza y la poca vergüenza con la que Dunham relata los diferentes momentos. Además, estoy segura de que es muy probable que cualquier mujer se sienta representada en alguna de las historietas.

Es fácil de leer, sin grandes sobresaltos pero con una gran dosis de buen humor. Dunham potencia situaciones rutinarias que en ella se alejan de la cotidianidad (puede parecer un poco pretencioso, lo sé). De esta manera se retrata como una mujer imperfecta, desde siempre hasta ahora, pero que se acepta, se quiere y se respeta.

Os lo recomiendo si queréis pasar un buen rato. Quizá no sea lo que entendemos por un «gran libro» (aunque esto es completamente subjetivo, por otra parte), pero estoy segura de que, si lo elegís, os resultará ameno y lo pasaréis bien leyéndolo.


Mi puntuación: ★★★★★

¡Nos leemos! 

029

Me he mojado las rodillas por tu voz.
Me he vuelto indiferente al frío
por degustar tus pensamientos mentados
por última vez.
He terminado deshabitada de promesas
a medida que te despedías con palabras de fin
susurradas a mi oído derecho
por un teléfono móvil.

El cielo ha escupido abatimiento además de lluvia.
Mis pies empapados han seguido avanzando
sobre baldosas de pacto.
Delante de los faros de los coches he seguido viendo
esas cortinas de agua sucia pero nueva
acercándose a su fin.
Ríos de tránsito oculto sobre el asfalto,
gotas de anhelo que se pierden en la inmensidad,
agua de lluvia y de noche que calan en los dedos,
agua de una lluvia y de una noche
proyectada en tus palabras
abrazadas por el frío.

Ombligo, mundo y raíz, de Iris Almenara

¡Hola gente!

¿Qué tal todo? ¿Preparados para el fin de semana? Bien, por si aún no tenéis planes y os apetece algo poético, un poco de lectura, os voy a hablar del primer hijo de Iris Almenara: Ombligo, mundo y raíz, un libro que, personalmente, me ha encantado.



Iris es poesía pura y, con este libro, lo demuestra. Ombligo, mundo y raíz es un desgarro vestido de palabras tan sencillas como hermosas, es un conjunto de imágenes sinceras que encontramos en la rutina y que en esta obra se unen y se combinan. Así, forma un total del que nace la esencia poética de Iris. Como dice Javier Gm en el prólogo, la poesía duele como también duele su belleza, afirmación que se refleja en el caso de estos versos.

Iris es dulcemente frágil en sus movimientos y en su voz tranquila, pero fuerte en su obra, en su canto y en lo que guarda dentro y comparte con el mundo. Como bien escribe ella al principio de su libro, «mis grietas han hecho de mis palabras este libro».



El poemario se divide en tres partes que le dan su nombre: Ombligo, Mundo Raíz. La poeta explica esta organización: «En la primera, Iris nos "enseña" su ombligo, su alma, su visión de sí misma. En Mundo escribe justamente del mundo pero desde una perspectiva realista. Por último nos encontramos Raíz, en esta sección los poemas están dedicados a personas que han marcado la trayectoria y vida de Iris».

A través de ellas la autora muestra de una manera transparente las imperfecciones, la belleza en ellas, el tejido poético con el que envuelve la realidad. Usa en muchas ocasiones recursos de la naturaleza: conexiones con la atmósfera, la tierra, los fenómenos meteorológicos, las flores, el mar... También utiliza el binomio entre la luz y la oscuridad para expresar sus pensamientos.

Un lugar en el que transcurren gran parte de las escenas es la ciudad y en su transporte público: de ella y de sus habitantes extrae sus secretos, todo lo que guardan las calles, lo que le rodea, le guía y le inspira. 

Iris Almenara durante una entrevista

En definitiva, Ombligo, mundo y raíz es un proyecto muy personal que refleja la personalidad de Iris, nos adentra en un mundo de confluencias donde los sentimientos son fuertes, contrarios. La autora nos proporciona más datos sobre el libro: «el prólogo está escrito con mucha entereza y ternura por el poeta Javier Gm, el cual ya nos aproxima a lo que vamos a encontrar a lo largo del libro. La delicada ilustración del libro es de Soraya del Rey Martínez. Este libro pertenece a la colección Pliegos de la palabra de ediciones Babilonia».

Y bueno, hasta aquí tenéis mi visión sobre lo que me ha parecido el libro de la joven poeta valenciana Iris Almenara. Estoy segura de que, si decidís echarle un vistazo, no os dejará indiferente. Yo, por mi parte, a falta de un nuevo poemario seguiré leyendo con cariño todas las poesías que escribe cada día en su Facebook.

¡Nos leemos!

053

Escapaste del último piso
para buscar el eco helado que alejara los juicios de tu cabeza.

Las altitudes urbanas se rompen con el paseo de una golondrina al nivel de las ventanas

y la ubicuidad se derrama por lo efímero del cuerpo
(ataca la conciencia).

Pero aún no ha comenzado a volar la mente y el efecto boomerang la devuelve al lugar donde pisan los pies.


El pensamiento se mantiene levitando paralelo a su lecho

aunque le es imposible dejarse caer, reposar.

Escapaste del último piso

para dejar rodar las conexiones imposibles del deseo,
respirar el aire gélido,
caminar sobre el suelo resbaladizo y despertar así algún instinto de supervivencia.

La espesura que formaba lo recóndito se expande y relaja los nexos que lo construyen.

No hay final del camino pero se forma un paisaje fuera y dentro:
el bosque tranquilo, el cielo despejado, el blanco que decora la tierra.
El horizonte se inmiscuye en la inquietud y equilibra el movimiento,
el horizonte tendido, inmóvil, colaborando en mañanas y anocheceres,
se impregna en el ánimo.

No hay final del camino pero hay un viaje desconocido e infatigable:

la vida.