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Mientras paseo sobre baldosas azules
atando mis pisadas a cada una de ellas
miro hacia dentro y me descubro pensando


en acariciar tu saliva
como si de piedras de vidrio se tratase

o en alzar un vuelo blanco
que deslumbre la oscuridad de la noche

o en correr sobre una vía de tren abandonada
fundiéndome con los fantasmas de los viajes
que alguna vez llevaron sueños consigo.

Nado por líneas llamadas fronteras
a través del jardín que me lleva de vuelta al hogar
–éxodo sin fin–.

Estoy jugando con la invasión efervescente que llevo conmigo desde hace un tiempo,
empapamiento impoluto de deseos y satisfacciones exaltadas
siempre en continua solidificación.