Vestido de lluvia y gris

Me desperté la mañana del jueves de aquella tercera semana sin saber que había llovido durante toda la noche.

Cuando salí de casa, empecé a caminar y mi piel comenzó a absorber la luz gris. La sentí en los nervios que me acechaban desde hacía días.

Esa luz de nubes que no dejaba pasar ni un rayo de sol me traía hacia dentro, a la vez, la calma y la melancolía. Como si alguien hubiera apagado nuestra estrella, el aire no se dejaba ni abrasar ni enfriar. Solo era aire a secas, reposado, sin más penetración. Eso me relajaba. Al mismo tiempo, yo tenía la tranquilidad de la melancolía. Se había apagado también la ansiedad que conlleva la creación de materiales y deberes que tener a punto para un futuro exacto.

Seguí caminando bajo aquel manto, dejando pasar el tiempo, lejos de cualquier calor, disfrutando de lo que me quedaba de aquella senda.

Con el frío, de Alberto Torres Blandina

¡Buenas noches de lunes!

Para comenzar la semana con un poco de motivación, os traigo la reseña del último libro que he leído: Con el frío, de Alberto Torres Blandina. Este autor, nacido en Valencia, nos presenta una serie de escenarios tan diferentes como las historias que ocurren en ellos. Diversos puntos del planeta y sus habitantes se dan cita en esta novela por un mismo motivo: una catástrofe desconocida que proviene de Islandia.



Con el frío aúna diferentes relatos cortos con una misma cuestión de fondo: extraños fenómenos se suceden, relacionados con una amenaza en forma de frío e incertidumbre que llega desde el norte. Mientras una navegación, 'Esperanza', se dirige hacia allí con diferentes hombres, mujeres y niños que sospechan ser ofrendas, embajadores o la semilla de un nuevo mundo, otras historias se suceden. Bajo el pretexto de esta amenaza, Torres Blandina reflexiona sobre la condición humana desde diferentes contextos, completamente dispares.

Y es que, aunque con este fenómeno helado el libro se nos podría antojar como un texto de ciencia-ficción, lo cierto es que el autor va más allá y hace un repaso social por diferentes escenarios, poniendo en valor y en cuestión valores y características humanas tan cercanas como lejanas. Igual ofrece un relato sobre un amor leal y familiar que sobre uno infiel y aprovechado o expone historias relacionadas con la ambición, la insensibilidad, la infancia, la rutina, la religión y el espiritualismo, los traumas…



Así se crea una amalgama que crea un conjunto en el que cada historia aporta una parte esencial de un total. La civilización, la sociedad y la globalización hacen su aparición en diferentes partes del relato como elemento sobre el que Torres Blandina realiza un ligero análisis, dando pie también al lector para que actúe sobre el texto, interpretando y completando conclusiones. 

Algunas de las referencias nombradas por el autor son: Lutero, Adam Smith, Friedrich Hayek, Ronald Reagan, Nietzsche, Lovecraft, Pico della Mirandola, Horst Faas, Robert Capa, Larry Burrows, Sean Flynn…

Así que sí, os recomiendo Con el frío. Además de interesante e imprevisible, es muy fácil de leer, y ahora que se acercan los exámenes, si tenéis mono de leer y no tenéis ganas de cosas demasiado complicadas, aquí tenéis un libro sencillo pero no por ello menos atractivo. ¡Ya sabéis! Para leer mi selección de frases del libro, haz click aquí.

¡Nos leemos! ❤

Frases de Con el frío, de Alberto Torres Blandina

  • Miraba al cielo con unos ojos fríos, como ese hielo que se forma junto a las aceras.
  • El amor se demuestra con dinero, la tristeza con lágrimas y gritos de dolor. Las emociones sólo existen si pueden verse. La rabia con golpes y el odio, algunas veces, con la muerte.
  • Los dioses siguen inspirando leyes en casi todos los países del mundo, los fantasmas se esconden en cada oscuridad, las almas se ensucian o se limpian con nuestros actos, los destinos se revelan a los que están atentos a sus señales y las plegarias a lo invisible jamás han cesado.
  • «Te conozco. Odias la mentira por encima de todas las cosas. Mentir te convierte en un miserable, por eso ibas dejando pistas. Quizás no te dabas cuenta. Inconscientemente querías que te descubriera. Querías que todo saliese a la luz para tranquilizar tu conciencia, para dejar de engañarme y así liberarte de la carga. Eres un egoísta. Ahora ya lo sé todo. Ya puedes respirar tranquilo. Pero ¿qué hay de mí? Mi sufrimiento por tu calma. Eres un egoísta.»
  • Cogió un libro semicalcinado de una estantería y lo levantó. Los libros son su principal enemigo, continuó, lanzándolo contra el suelo. La fe necesita fanáticos, no pensadores. Las religiones quieren mártires de cerebro pequeño, no hombres y mujeres con ideas propias. Hombres y mujeres capaces de darse cuenta de que los dioses son la excusa de los ambiciosos y los sádicos.
  • ¿Puede morir algo que ni siquiera ha nacido? ¿Pudrirse una ausencia? ¿Doler un deseo arrancado? ¿Despertarte por las noches el silencio?
  • Tengo la convicción de que las únicas obras de arte reales están en las cuevas prehistóricas. El resto de creadores no han aportado nada nuevo. Todo estaba dicho ya: sueños, deseos, perplejidad y esa necesidad nuestra por transcender. La historia es un mito. Acabó hace miles de años y desde entonces repetimos idénticos gestos. Una y otra vez.

La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera

Hay libros que son como un viaje, como una ciudad, como un paseo por el lugar que una más ama. Son esas historias las que se asemejan a esto por un rasgo inconfundible: parecen haber nacido para ser evocadas. De una manera irremediable e individualista, su recuerdo genera emociones que van desde el agradecimiento hasta la melancolía que conlleva lo irrepetible, además del conocimiento aplicado a una misma de manera personal.

Esta fue la sensación que me dejó La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera, libro del que ya intuía iba a introducirse en mi lista de preferidos incluso antes de leerlo. La exploración de la novela se basa en la contraposición de lo leve frente a lo pesado. Para ello, utiliza el amor y las relaciones a partir de los personajes de Teresa, Tomás, Sabina y Franz. También cabe hacer mención a la importancia de Karenin.



Se podría decir que Tomás es el protagonista. De naturaleza infiel, afronta una relación de pareja y la consecuente madurez en ella. En su país pasa de ser militante eufórico a perseguido del sistema. Teresa es la pareja de Tomás. Aunque sufre por sus infidelidades, él le ha dado una razón para escapar de una infancia marcada por su madre (muy interesante también el dilema de Teresa en la relación de su cuerpo y su alma por este hecho). Sabina es artista. Amante de Tomás, su vida es anodina, es «leve». Franz es un amante pasajero de Sabina, que se desprende de su mujer y su hija. Karenin es la mascota de Tomás y Sabina y marca aspectos muy importantes de la pareja.

La historia se desarrolla a partir de lo psicológico, lo histórico, lo social, lo filosófico, lo artístico... Ambientada en Praga en 1968 bajo el experimento socialista y la Guerra Fría, mediante la crítica al comunismo soviético se suceden las ideas que quiere desempeñar el autor: dudas existenciales pluriemocionales que se introducen en los diferentes personajes.

Y es que aunque el peso, la carga, se podría entender en un primer momento como algo negativo, Kundera arroja la idea de que «sólo aquello que es necesario, tiene peso; sólo aquello que tiene peso, vale». Detrás de la introducción de esta idea que da nombre y estructura a la novela, el libro aporta ideas relacionadas con la evidente belleza de la casualidad o los límites imprecisos entre el ser débil y el fuerte.

Así, alrededor de esto se suceden las vidas de los personajes, que se enfrentan a la incertidumbre que conllevan sus pasos (conscientes o no) y sus decisiones. Kundera expone la tristeza, la infidelidad o el sufrimiento como factores que dan ese peso a la vida que la hace notable, que trae al ser humano a reflejarse ante sí mismo y a estar más cerca de su verdad.



Especial mención a la aparición de Kundera en primera persona para reflexionar sobre la relación entre autor y personajes, algo que gira sobre una cuestión que él mismo propone: «¿Acaso no es cierto que el autor no puede hablar más que de sí mismo?».

Me gusta destacar las referencias de las diferentes historias que leo. En este caso, Milan Kundera nombra el mito del eterno retorno, por el que no existe posibilidad de comprobar si las decisiones tomadas en la vida son las correctas, ya que no se puede comparar. Además de esta, otras son la metafísica de Parménides, Leonid Brézhnev, Henry Fielding, Thomas Mann, la teoría de los sueños de Freud, Imre Nagy, la revolución de Cuba y China, Stendhal, el protestantismo y ascentismo, André Breton...

En definitiva, un libro más que recomendable. Se podría decir que es de «mi estilo», así pues, tened en cuenta que cuando lo valoro tan altamente lo hago, en parte, desde la subjetividad. Pero si por algo me ha gustado es porque deja un aprendizaje, un sabor de boca de algo que se está dirigiendo lentamente..., y por no hablar de que no es una lectura para nada pesada.

Una de las cosas que me llevó hasta La insoportable levedad del ser fue las múltiples citas que encontré en Internet extraídas del libro. Así que si os lo estáis pensado, me he decido a recopilar mis frases preferidas aquí. Quizás os anime (o quizás no).

Espero que os haya gustado esta breve opinión sobre la obra de Milan Kundera. Y vosotros, ¿tenéis o podríais tener en mente leerla? ¿Ya la habéis leído? ¿Qué os sugiere esta novela?

¡Felices lecturas y hasta la próxima!

Frases de La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera

Para leer la reseña del libro haz click aquí.
  • El mito del eterno retorno viene a decir, per negationem, que una vida que desaparece de una vez para siempre, que no retorna, es como una sombra, carece de peso, está muerta de antemano y, si ha sido horrorosa, bella, elevada, ese horror, esa elevación o esa belleza nada significan.
  • Digamos, por tanto, que la idea del eterno retorno significa cierta perspectiva desde la cual las cosas aparecen de un modo distinto a como las conocemos: aparecen sin la circunstancia atenuante de su fugacidad. Esta circunstancia atenuante es la que nos impide pronunciar condena alguna. ¿Cómo es posible condenar algo fugaz? El crepúsculo de la desaparición lo baña todo con la magia de la nostalgia: todo, incluida la guillotina.
  • (…) un mundo basado esencialmente en la inexistencia del retorno, porque es ese mundo todo está perdonado de antemano y, por tanto, todo cínicamente permitido.
  • El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararla con sus vidas precedentes ni de enmendarla en sus vidas posteriores. (...) ¿Es mejor estar con Teresa o quedarse solo?(...) No existe posibilidad alguna de comprobar cuál de las decisiones es la mejor, porque no existe comparación alguna. El hombre lo vive todo a la primera y sin preparación. Como si un actor representase su obra sin ningún tipo de ensayo. Pero ¿qué valor puede tener la vida si el primer ensayo para vivir es ya la vida misma? Por eso la vida parece un boceto. Pero ni siquiera boceto es la palabra precisa, porque un boceto es siempre un borrador de algo, la preparación para un cuadro, mientras que el boceto que es nuestra vida es un boceto para nada, un borrador sin cuadro. (...) «Einmal ist keinmal», repite Tomás para sí el proverbio alemán. Lo que sólo ocurre una vez es como si no ocurriera nunca. Si el hombre sólo puede vivir una vida es como si no viviera en absoluto.
  • Ayer mismo había tenido miedo de que, si la invitaba a visitarle en Praga, viniera a ofrecerle toda su vida. Cuando ahora le dijo que tenía la maleta en la consigna, se dio cuenta de inmediato de que en esa maleta estaba toda la vida de ella y de que la había dejado momentáneamente en la estación antes de ofrecérsela.
  • Tomás no se daba cuenta en aquella ocasión de que las metáforas son peligrosas. Con las metáforas no se juega. El amor puede surgir de una sola metáfora.
  • Diría que el objetivo del acto amoroso no era para ellos el placer sino el sueño que venía después de aquel. (...) Tomás se decía: hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas sino casi contradictorias. El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este deseo se produce en relación con una cantidad innumerable de mujeres), sino en el deseo de dormir junto a alguien (este deseo de produce en relación con una única mujer).
  • Todos los idiomas derivados del latín forman la palabra «compasión» con el prefijo «com-» y la palabra passio que significaba originalmente «padecimiento». (…) Este es el motivo por el cual la palabra «compasión» o «piedad» produce desconfianza; parece que se refiere a un sentimiento malo, secundario, que no tiene mucho en común con el amor. Querer a alguien por compasión significa no quererlo de verdad. (...) En los idiomas que no forman la palabra «compasión» a partir de la raíz del «padecimiento» (passio), sino del sustantivo «sentimiento», estas palabras se utilizan aproximadamente en el mismo sentido, sin embargo es imposible afirmar que se refieran a un sentimiento secundario, malo. El secreto poder de su etimología ilumina la palabra con otra luz y le da un significado más amplio: tener compasión significa saber vivir con otro su desgracia, pero también sentir con él cualquier otro sentimiento: alegría, angustia, felicidad, dolor. Esta compasión (en el significado de wspólczucie, Mitgefühl, madkänsla) significa también la máxima capacidad de imaginación sensible, el arte de la telepatía sensible; es en la jerarquía de los sentimientos el sentimiento más elevado.
  • La persona que desea abandonar el lugar en donde vive no es feliz.
  • No hay nada más pesado que la compasión. Ni siquiera el propio dolor es tan pesado como el dolor sentido con alguien, por alguien, para alguien, multiplicado por la imaginación, prolongado en mil ecos.
  • A diferencia de Parménides, para Beethoven el peso era evidentemente algo positivo. «Der Schwer gefasste Entschluss», una decisión de peso, va unida a la voz del Destino («es muss sein»); el peso, la necesidad y el valor son tres conceptos internamente unidos: sólo aquello que es necesario, tiene peso; sólo aquello que tiene peso, vale.
  • (…) la grandeza del hombre consiste en que carga con su destino (…).
  • Todos consideramos impensable que el amor de nuestra vida pueda ser algo leve, sin peso; creemos que nuestro amor es algo que tenía que ser; que sin él nuestra vida no sería nuestra vida. Nos parece que el propio huraño Beethoven, con su terrible melena, toca para nuestro gran amor su «es muss sein!».
  • Sólo la casualidad puede aparecer ante nosotros como un mensaje. Lo que ocurre necesariamente, lo esperado, lo que se repite todos los días, es mudo. Sólo la casualidad nos habla.
  • No es la necesidad, sino la casualidad, la que está llena de encantos. Si el amor debe ser inolvidable, las casualidad deben volar hacia él desde el primer momento, como los pájaros hacia los hombres de San Francisco de Asís. (...) El hombre, llevado por su sentido de la belleza, convierte un acontecimiento casual (la música de Beethoven, una muerte en la estación) en un motivo que pasa ya a formar parte de la composición de su vida. Regresa a él, lo repite, lo varía, lo desarrolla como el compositor el tema de su sonata. (…) Sin saberlo, el hombre compone su vida de acuerdo con las leyes de la belleza aun en los momentos de más profunda desesperación. (...) Por eso no es posible echarle en cara a la novela que esté fascinada por los secretos encuentros de las casualidades (como el encuentro de Vronsky, Ana, el andén y la muerte o el encuentro de Beethoven, Tomás, Teresa y el coñac), pero es posible echarle en cara al hombre el estar ciego en su vida cotidiana con respecto a tales casualidades y dejar así que su vida pierda la dimensión de su belleza.
  • El sueño no es sólo un mensaje (eventualmente un mensaje cifrado), sino también una actividad estética, un juego de la imaginación que representa un valor en sí mismo. El sueño es una prueba de que la fantasía, la ensoñación referida a lo que no ha sucedido, es una de las más profundas necesidades del hombre. Esta es la raíz de la traicionera peligrosidad del sueño. Si el sueño no fuera hermoso, sería posible olvidarlo rápidamente.
  • Aquel que quiere permanentemente «llegar más alto» tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo. ¿Qué es el vértigo? ¿El miedo a la caída? ¿Pero por qué también nos da vértigo en un mirador provisto de una valla segura? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de car, del cual nos defendemos espantados. (...) «Este cuadro se me estropeó. Me cayó una mancha de pintura roja. Al principio estaba muy disgustada, pero luego aquella mancha empezó a gustarme, porque parecía una grieta. Era como si la obra en construcción no fuese una obra de verdad, sino un decorado teatral cuarteado, sobre el cual la fábrica en construcción no estaba, más que dibujada. Empecé a jugar con la grieta, a ampliarla, a inventar lo que se podría ver a través de ella. Así pinté mi primer ciclo de cuadros, a los que llamé tramoyas. Por supuesto que nadie podía verlos. Me hubieran echado de la escuela. Delante había siempre un mundo realista perfecto y detrás, como tras la tela rasgada de un decorado, se veía otra cosa, misteriosa o abstracta.» (...) Hizo una pausa y luego añadió: «Delante había una mentira comprensible y detrás una verdad incomprensible».
  • Karenin nunca había deseado ir a vivir a Suiza. Karenin odiaba los cambios. El tiempo de un perro ocurre en línea recta, no avanza siempre hacia adelante, de una cosa a la siguiente. Transcurre en círculo como el tiempo de las manecillas del reloj, que tampoco corren enloquecidas siempre hacia adelante, sino que dan vueltas alrededor de la esfera, todos los días por el mismo camino.
  • Pero es precisamente el débil quien tiene que ser fuerte y saber marcharse cuando el fuerte es demasiado débil para hacer capaz de hacerle daño al débil.
  • No, no fue la superstición, fue su sentido de la belleza el que la liberó de la angustia y la llenó de ganas de vivir. Los pájaros de la casualidad volvían a posarse en su hombro. Tenía lágrimas en los ojos y estaba inmensamente feliz de oírle respirar a su lado.
  • Los extremos son la frontera tras la cual termina la vida y la pasión por el extremismo en el arte y en la política es una velada ansia de muerte.
  • «Una belleza no intencional. Sí. También podría decirse: la belleza como error. Antes de que la belleza desaparezca por completo del mundo, existirá aún durante un tiempo como error. La belleza como error es la última fase de la historia de la belleza.» - Sabina
  • «Tú has entrado en mi vida como Gulliver en el país de los enanos.» - Franz
  • Franz hace un gesto de negación con la cabeza: «Cuando la sociedad es rica, la gente no tiene que trabajar con las manos y se dedica a la actividad intelectual. Hay cada vez más universidades y cada vez más estudiantes. Los estudiantes, para poder terminar sus carreras, tienen que inventar temas para sus tesinas. Hay una cantidad infinita de temas, porque sobre cualquier cosa se puede hacer un estudio. Los folios de papel escrito se amontonan en los archivos, que son más tristes que un cementerio, porque en ellos no entra nadie ni siquiera el día de difuntos. La cultura sucumbe bajo el volumen de la producción, la avalancha de letras, la locura de la cantidad. Por eso motivo te digo que un libro prohibido en tu país significa infinitamente más que los millones de palabras que vomitan nuestras universidades.»
  • Desde entonces sabía que la belleza es un mundo traicionado. Sólo podemos encontrarla cuando sus perseguidores la han dejado olvidada por error en algún sitio. (…) Si la queremos encontrar, tenemos que rasgar el lienzo del decorado.
  • Por supuesto, hasta ahora no había sido consciente de ello: el objetivo hacia el cual se precipita el hombre queda siempre velado. La muchacha que desea casarse, desea algo totalmente desconocido para ella. El joven que persigue la gloria no sabe qué es la gloria. Aquello que otorga sentido a nuestra actuación es siempre algo totalmente desconocido para nosotros.
  • Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida.
  • No tenía la seguridad de estar actuando correctamente, pero tenía la seguridad de estar actuando tal como quería actuar.
  • Esa es la imagen de la que nació. Como dije ya, los personajes no nacen como los seres humanos del cuerpo de su madre, sino de una situación, una frase, una metáfora en la que está depositada, como dentro de una nuez, una posibilidad humana fundamental que el autor cree que nadie ha descubierto aún o sobre la que nadie ha dicho aún nada esencial. (...) ¿Acaso no es cierto que el autor no puede hablar más que de sí mismo? (...) Mirar con impotencia el patio y no saber qué hacer, oír el terco sonido de las propia tripas en el momento de la emoción amorosa; traicionar y no se capaz de detenerse en el hermoso camino de la traición; levantar el puño entre el gentío de la Gran Marcha; hacer exhibición de ingenio ante los micrófonos secretos de la policía; todas esas situaciones la he conocido y las he vivido yo mismo, sin embargo de ninguna de ellas surgió un personaje como el que soy yo, con mi curriculum vitae. Los personajes de mi novela son mis propias posibilidades que no se realizaron. Por eso los quiero por igual a todos y todos me producen el mismo pánico: cada uno de ellos ha atravesado una frontera por cuyas proximidades no hice mas que pasar. Es precisamente esa frontera (la frontera tras la cual termina mi yo) la que me atrae. Es mas allá de ella donde empieza el secreto por el que se interroga la novela. Una novela no es una confesión de autor, sino una investigación sobre lo que es la vida humana dentro de la trampa en que se ha convertido el mundo.
  • ¿Qué era entonces lo correcto? ¿Firmar o no firmar? (...) La pregunta puede formularse también del siguiente modo: ¿Es mejor gritar y acelerar así la propia muerte? ¿O callar y lograr así una muerte más lenta? (...) ¿Puede haber una respuesta para estas preguntas? (...) Y se le vuelve a ocurrir una idea que ya conocemos: La vida humana acontece sólo una vez y por eso nunca podremos averiguar cuáles de nuestras decisiones fueron correctas y cuáles fueron incorrectas. En la situación dada sólo hemos podido decidir una vez y no nos ha sido dada una segunda, una tercera, una cuarta vida para comparar las distintas decisiones. (...) Con la historia sucede algo semejante a lo que ocurre con la vida
  • Si la historia de Bohemia pudiera repetirse, sería sin duda bueno intentar la otra eventualidad y comparar después los resultados. Sin un experimento de este tipo, todas las reflexiones no son más que un juego de hipótesis. (...) Einmal ist keinmal. Lo que sólo ocurre una vez es como si no hubiera ocurrido. (…) La historia es igual de leve que una vida humana singular, insoportablemente leve, leve como una pluma, como el polvo que flota, como aquello que mañana ya no existirá.
  • ¡Siente otra vez el dolor de ella en su propio corazón! Está otra vez en poder de la compasión y se hunde en el alma de ella.
  • Allí donde habla el corazón es de mala educación que la razón lo contradiga. En el reino del kitsch impera la dictadura del corazón.
  • En el mismo comienzo del Génesis está escrito que Dios creó al hombre para confiarle el dominio sobre los pájaros, los peces y los animales. Claro que el Génesis fue escrito por un hombre y no por un caballo. No hay seguridad alguna de que Dios haya confiado efectivamente al hombre el dominio de otros seres. Más bien parece que el hombre inventó a Dios para convertir en sagrado el dominio sobre la vaca y el caballo, que había usurpado. Sí, el derecho a matar un ciervo o una vaca es lo único en lo que la humanidad coincide fraternalmente, incluso en medio de las guerras más sangrientas.
  • Nunca seremos capaces de establecer con seguridad en qué medida nuestras relaciones con los demás son producto de nuestros sentimientos, de nuestro amor, de nuestro desamor, bondad o maldad, y hasta qué punto son el resultado de la relación de fuerzas existente entre ellos y nosotros. (...) La verdadera bondad del hombre sólo puede manifestarse con absoluta limpieza y libertad en relación con quien no representa fuerza alguna. La verdadera prueba de la moralidad de la humanidad, la más honda (situada a tal profundidad que escapa a nuestra percepción), radica en su relación con aquellos que están a su merced: los animales. Y aquí fue donde se produjo la debacle fundamental del hombre, tan fundamental que de ella se derivan todas las demás.
  • Lo que había dicho era triste y, a pesar de eso, sin darse cuenta, estaban felices. No estaban felices a pesar de la tristeza, sino gracias a la tristeza. Iban cogidos de la mano y los dos tenían la misma imagen ante los ojos: un perro cojo que representaba diez años de su vida.
  • Es un amor desinteresado: Teresa no quiere nada de Karenin. Ni siquiera le pide amor. Jamás se ha planteado los interrogantes que torturan a las parejas humanas: ¿me ama?, ¿ha amado alguien más que a mí?, ¿me ama más de lo que yo le amo a él? Es posible que todas estas preguntas que inquieren acerca del amor, que lo miden, lo analizan, lo investigan, lo interrogan, también lo destruyan antes de que pueda germinar. Es posible que no seamos capaces de amar precisamente porque deseamos ser amados, porque queremos que el otro nos dé algo (amor), en lugar de aproximarnos a él sin exigencias y querer sólo su mera presencia.
  • Sentía ahora la misma extraña felicidad y la misma extraña tristeza que en aquella ocasión. Esa tristeza significaba: hemos llegado a la última estación. Esa felicidad significaba: estamos juntos. La tristeza era la forma y la felicidad, el contenido, la felicidad llenaba el espacio de la tristeza.