Ayer en el andén

A veces levanto la vista y veo un cielo de mi colores, y aunque no siempre el manto es igual de vívido, esto suele ocurrir en andenes de estación. Lo malo que tienen estos andenes es la cantidad de líneas y adornos artificiales que poseen alrededor.

Sin embargo, otras veces creo que este cielo de mi andén, que es más mío que otros muchos lugares por todos mis caminos que salen de él, es como la vida.

Hay rayas negras que son como tachones y edificios de polígono que son como manchas, que emborronan la pureza de la imagen, al igual que hay arañazos y moratones que pesan sobre el alma.... Pero, ¿os habéis dado cuenta? La belleza y el infinito están detrás de todo ello.

Nunca podré arrancar los cables, supongo que con sólo tocarlos dormiría eternamente por su electricidad. Un edificio es demasiado pesado como para derribarlo con mis manos. 

Así, me quedaré con lo único que puedo hacer: observaré el cielo y me quedaré acariciando su belleza con mi vista. Al fin y al cabo, esa naturaleza inevitable está por encima de toda creación artificial.