Schwarzer Raster (Trama negra), Vassily Kandinsky, 1922

Desde el día 20 de octubre hasta el 28 de febrero se halla, en CentroCentroCibeles, en Madrid, una de las mayores muestras monográficas que se han hecho en España del padre y creador del arte abstracto: Vassily Kandinsky.

Son muchas las obras traídas desde el Centre Pompidou de París, entre las que se encuentra, por ejemplo, Schwarzer Raster (Trama negra), de 1922. Este óleo sobre lienzo, casi cuadrado, de 96 x 106 cm, fue dejado en legado por Nina Kandinsky al museo parisino en 1981. Si lo situamos en la vida de Kandinsky, se sitúa en la frontera entre dos etapas de la vida del artista: su vida en Rusia, por una parte, y su estancia en la Bauhaus, por otra.


En este contexto, entre 1922 y 1923, Kandinsky evolucionaba hacia un universo más geométrico. Fue en esta época, concretamente en 1926, cuando escribió su libro Punto y línea sobre plano. Triángulos y círculos predominan en la obra, y se ven influencias del constructivismo, con cuyos representantes el pintor estuvo en contacto primero en Rusia y después en Alemania. A pesar de las grandes diferencias con este grupo, la evolución de Kandinsky debe entenderse en función de las imitaciones de estas tendencias soviéticas contemporáneas. Trama negra es pintado en Weimar junto a otros cuatro cuadros, exponiéndose todos en la gran exposición de la Bauhaus del año siguiente.

Esta obra es como un espacio completamente abierto. Es una escena tridimensional, con varios planos en ella que se complementan. Se produce la profundidad a partir de los diferentes planos de color. Destaca sobre todo el centro, en el que se presenta una especie de tablero de ajedrez. Pero no es la primera vez que este elemento aparece en una de las obras de Kandinsky. Ejemplos de ello son Composition sur fond blanc, de 1920, o Échiquier (Composición con tablero de ajedrez), de 1921. Podría interpretarse como un marco conceptual del mundo imaginario en el que se mueve el arte de Kandinsky.

Algo llamativo de Trama negra es la presencia de elementos figurativos, como los peces y barcos que se atisban en la parte inferior izquierda del cuadro, y que parecen separados por una diagonal de los elementos puramente geométricos. Entre estos se encuentran puntos y líneas sobre planos, haciendo referencia a la obra que Kandinsky escribió pocos años después de dar a luz a este cuadro. De la línea decía que siempre estaba vinculada al punto, puesto que era el mismo en movimiento. Esta tenía una dirección y las clasificaba como centrales o acéntricas dependiendo de si tenían un centro común o estuvieran fuera. En Trama negra, parece que convergen hacia el centro de la obra, excepto aquellas líneas que producen los barcos. En cuanto a los puntos, aunque hay algunos que no son del todo redondos, ya afirmaba Kandinsky que podían tener picos o estructuras que nunca afectarían a su condición. Decía que era un puente entre el habla y el silencio, y en este caso, el punto rojo, grande y protagonista, aúna diferentes significantes de la obra, y se podría afirmar que líneas y formas se orientan hacia él. Otros también sirven de unión entre diversos elementos. En cuanto a sus enseñanzas sobre el plano, aquí no se cumple su premisa de que la mayor parte de la acción está a la derecha, ya que es en el lado izquierdo donde los elementos figurativos expresan un significado completo.

Por otra parte, los colores más presentes en la obra son el amarillo, el rojo carmín, el azul, el negro y el blanco, junto a una degradación de tonos y matices delicados que le dan cierta fluidez. Con ellos, Kandinsky buscaba extraer la esencia del pensamiento abstracto: el amarillo es la energía; el rojo, la fuerza; el azul, la profundidad; el blanco, la pureza; y el negro, la tristeza. Esto también forma parte de la filosofía de Kandinsky, más presente en De lo espiritual en el arte. Esta combinación de color no era casual, sino que era una extracción de lo abstracto del alma de Kandinsky.