Ares

La torre más alta saca pecho al tiempo que sus piedras, minúsculas, coronan la cima del ancla de sierra. Los ojos de los gatos brillan como las gotas de rocío de la mañana pendiente, a juego con mis faroles preferidos.

Tras una cadena de tierra pálida se ha erigido esa vida ansiada a la que algunos llamamos hogar.

Colores de fuego tranquilo, esencia de edredón que cubre los días desnudos: mi manto perfecto.
Me siento como el aire caliente que rodea la chimenea.

Camino sobre la calma y me siento justo encima del trofeo sencillo con esa melancólica alegría que conlleva el deseo de esa vida ansiada a la que algunos llamamos hogar.

Hay algo en estos lugares de sonidos dóciles, de olores vírgenes y de acantilados hacia la vida tranquila. Hay algo que me abraza en la soledad de las calles. Hay algo que aparta mi desasosiego a través de las pisadas que trazan un camino rescatado.

Hay algo que me dice que aquí está esa vida ansiada a la que algunos llamamos hogar.


037

Vivir es ser otro. Y sentir no es posible si hoy se siente como ayer se sintió: sentir hoy lo mismo que ayer no es sentir–es recordar hoy lo que ayer se sintió, ser hoy el cadáver vivo de lo que ayer fue vida perdida.

Fernando Pessoa

El presente se esfuma
al ritmo de la pronunciación de su palabra.
Presencia en presente se destruye
              bajo los minutos:
conviértese en aire residente
sin evasión posible           de los pulmones.

Son las nuevas brisas
las que limpian el blindaje
sobre el descubrimiento,
justo cuando nace la caída
de la propia conciencia     abstraída
revolcándose en el nuevo oxígeno
(transformación del ahora en pretérito aposentado).

La recreación es
(simplemente)
el eco de la esperanza:

              el rayo que atraviesa el centro corpóreo,

              el revitalizante del alma que vaga, en un flash continuo, como un fantasma de nuevo Sol,

              la muerte y la pérdida del cargo de la aceptación.

Una llama prende,
abre los ojos del delirio
desmayado en la oscuridad.

Vino y se fue,
(de vez en cuando) viene y se marcha,
(imposible conocer si) vendrá para volver a irse

porque siempre lo que es tangible
se desvanece con el tiempo irrefrenable.

Pero la legítima novedad es el origen 
(en forma de avistamiento) de un cometa
que en las entrañas del tronco pasea 
chocando contra las paredes,          rebotando,
para trazar así el camino
              de la permanencia
                            de la remembranza

quién sabe hasta cuándo.


Mi participación en la novena revista Azharanía de nuestra tertulia: El almadar. Para disfrutar de las maravillas de mis compañeros aquí la revista completa: http://issuu.com/eloysanchezguallart/docs/az-9_blog.