022

He notado 
coser 
en mi mandíbula
una hilera de piernas microscópicas.

Empujan gotas de incontenibilidad
hacia las lenguas de fuego
capaces de encender
las humedades de la aquiescencia.

Han viajado miles de sensaciones
del centro hacia arriba,
de arriba hacia la ausencia
del qué y del por qué,
para tachar las ansias de la lógica 
que siempre se empeña en preguntar.

Las patas de lo irrefrenable
cobran el peaje de las palabras
para dejar escapar el ahogo del sentimiento volcado,
sin nombre, sin forma, sin percepción,
pero tan armoniosamente cargante en el cuerpo.

La voz lo libera.

La voz me libera.

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