En el exceso de tiempo y la acumulación de silencio

En el exceso de tiempo y la acumulación de silencio. 
Tengo recuerdos muertos (como casi todos los recuerdos) que han logrado permanecer contemporáneos a la viveza del segundo presente. Tengo recuerdos muertos que aún no han logrado operarse para lograr su suma y construir el montón suficiente como para ser enterrados y, por fin, dejarse reposar. Tengo recuerdos muertos, equivalentes al aguijón de un insecto que se pasea y refriega por el espacio del eco de mi esternón.
Vive en mí la necesidad de una calma imposible. Existen en mi espíritu dos tipos de conducta: hay tiempos en los que sufro por el sufrimiento de sufrir por algo que aún no se ha dado y hay otros, en cambio, más tranquilos y sosegados, en los que sufro por algo por fin tangible.
"El transtorno del silencio – por miedo / me enferma." Y ya me lo dijo Ma una vez: "cuando ellos sientan una, tú sentirás cinco."
Exceso y acumulación de abstractos inocentes infectan mi savia. No hay permanencia, solo ruptura y reconstrucción. Pero, igualmente, no hay tedio exánime, sino vida.
"Todo puede morir y desaparecer. (...) Todo o casi todo es mentira porque cae o puede caer. Lo único que es fiel es esta sed de algo por lo que vivir. Pero tampoco lo es absolutamente puesto que está entre otras sedes y hambres y se alterna con ellas, y puede desaparecer por varios años y reaparecer.*”


* Extracto de Diarios, de Alejandra Pizarnik

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