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Burbujas de aire níveo
explotan en el océano oscuro.
La chispa de la esperanza se esfuma
en la inmensidad de la apatía.

Rezagados de la ventura,
inconscientes del imperio de la indolencia,
navegáis desde la desesperación hasta el egoísmo,
desde el infierno tangible al infierno moral.

Pero la muerte alcanza a vírgenes y culpables [de su suerte],
a cielos y arenas,

y existirá tal vez el día
en el que la lluvia del vapor de mar
caiga sobre los secos, los tibios,
los ajenos, los lejanos...

Las lágrimas muertas sueñan que su fin es –el fin–,
su agua choca contra el aceite
mientras su espíritu sueña

que existirá tal vez el día,

que existirá,


que existirán.

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