En el exceso de tiempo y la acumulación de silencio

En el exceso de tiempo y la acumulación de silencio. 
Tengo recuerdos muertos (como casi todos los recuerdos) que han logrado permanecer contemporáneos a la viveza del segundo presente. Tengo recuerdos muertos que aún no han logrado operarse para lograr su suma y construir el montón suficiente como para ser enterrados y, por fin, dejarse reposar. Tengo recuerdos muertos, equivalentes al aguijón de un insecto que se pasea y refriega por el espacio del eco de mi esternón.
Vive en mí la necesidad de una calma imposible. Existen en mi espíritu dos tipos de conducta: hay tiempos en los que sufro por el sufrimiento de sufrir por algo que aún no se ha dado y hay otros, en cambio, más tranquilos y sosegados, en los que sufro por algo por fin tangible.
"El transtorno del silencio – por miedo / me enferma." Y ya me lo dijo Ma una vez: "cuando ellos sientan una, tú sentirás cinco."
Exceso y acumulación de abstractos inocentes infectan mi savia. No hay permanencia, solo ruptura y reconstrucción. Pero, igualmente, no hay tedio exánime, sino vida.
"Todo puede morir y desaparecer. (...) Todo o casi todo es mentira porque cae o puede caer. Lo único que es fiel es esta sed de algo por lo que vivir. Pero tampoco lo es absolutamente puesto que está entre otras sedes y hambres y se alterna con ellas, y puede desaparecer por varios años y reaparecer.*”


* Extracto de Diarios, de Alejandra Pizarnik

006

Cae hacia el centro de la Tierra
el espacio cutáneo que yace entre los pechos
paralelo al esternón angustiado
convertido ahora en tallo de rosa con espinas
que raja esa caída infinita
de la piel, de la carne, del alma, de la esperanza,
que habita en el centro de los cuerpos.

Cascada de cristales.
El embudo del dolor aglomera el pasado
para introducirlo en una botella de vidrio viejo:
mil veces rota y otra mil reconstruida
por marionetas de la inconsciencia,
mil veces transparente, mil veces opaca,
mil veces ardiente, mil veces congelada,
mil veces agua, mil veces vómito.

El sonido crispado avanza entre las grietas.
Hormigas mueren ante la destrucción de lo punzante.
Siento su elevación espiritual 
a través de ese hilo que une
el centro del tormento
con el centro de la gravedad.

Al final, si estoy atenta,
puedo percibir ese eco de alivio
teatralizado como gotas de azúcar
que se introducen a través de los poros
de la superficie de las venas.

Son chispas de vida.

Hay un camino, a veces vacío,
creado entre la muerte y el alma
y entre el alma y la vida.

Es ese mismo el que crea 
la savia de la destrucción,
o de la esperanza,
o del amor,
o del desconsuelo.

La savia nunca cesa de circular,
ni de matar, ni de resucitar, ni de apaciguar, ni de complacer...

Hoy siento sus vías rasgadas.
Estoy más viva que nunca.

020

Hay una justicia
           poética e imperfecta
en el encuentro con el mar castaño:
en las aguas
que derraman el alivio           otorgado
por la arena que impregna
el terciopelo de sal y azúcar
y que incrusta      l a  p a z      desde los pies
– a través de caricias
de piedras          y de ostras rotas.

Mirada ardida en escozor de sal,
deja caer en los ojos de nieve
la posibilidad de nudo
          de polvo de los huesos oceánicos,
cultiva el origen de la tierra salobreña.

(Abre y cierra tu mirada.
Abre y cierra tu mirada.)

¿Acaso, alguna vez,
en lugar de paliar el picor,
se limita uno a concentrarse en él
(sentir)?

En mí fue siempre menor la intensidad de las sensaciones que la intensidad de la conciencia de ellos.*

Sumisión acuosa,
compañero ahora fantaseado:
de permanencia desasosegada
en sueños,
de efervescencia vital
en el tiempo.

(Abre y cierra tu mirada.)

La turbación exalta el alma.

Y.

Llanto por fin
sobre la superficie ya empapada
lleva la fascinación
al común exclamativo.

* Del Libro del desasiego, de Fernando Pessoa

022

He notado 
coser 
en mi mandíbula
una hilera de piernas microscópicas.

Empujan gotas de incontenibilidad
hacia las lenguas de fuego
capaces de encender
las humedades de la aquiescencia.

Han viajado miles de sensaciones
del centro hacia arriba,
de arriba hacia la ausencia
del qué y del por qué,
para tachar las ansias de la lógica 
que siempre se empeña en preguntar.

Las patas de lo irrefrenable
cobran el peaje de las palabras
para dejar escapar el ahogo del sentimiento volcado,
sin nombre, sin forma, sin percepción,
pero tan armoniosamente cargante en el cuerpo.

La voz lo libera.

La voz me libera.

CCLXX

Feliz donde nadie sabe.
Feliz donde quién tiene que saber
quién no es nadie
sabe.

Arte poética, de Jorge Luis Borges

¡Hola a todos!

En esta nueva andadura por el mundo blogger (este ya es el cuarto blog que tengo el gusto de inaugurar) he tomado la decisión de aunar todos los contenidos. En mis anteriores páginas he tratado temas diferentes como la poesía y los relatos, preceptos o artículos. Mi intención de reunirlos así como de crear nuevas pautas da lugar esto que estáis leyendo, este lugar en el que también quiero incluir algunas reseñas (que no críticas) de libros que voy conociendo y me van gustando o, al menos, pareciendo interesantes.

Para este primer “capítulo” de la sección que voy a llamar “La estantería” (las etiquetas siempre son útiles) he escogido Arte poética, de Jorge Luis Borges, un libro que me recomendó mi amigo y compañero poeta Enric Serra. La obra es la recopilación de seis conferencias de Borges pronunciadas en la Universidad de Harvard durante el curso 1967-1968, de las que he extraído algunas ideas que me han parecido interesantes.

Jorge Luis Borges, de origen argentino, es uno de los autores más destacados de la literatura del siglo XX y uno de los más representativos del ámbito latinoamericano (que tanto me gusta). Escribió, principalmente, narrativa, poesía y ensayo.

Después de contextualizar al autor, paso a escribir sobre Arte poética. La obra es una recopilación dividida en seis capítulos: El enigma de la poesía, La metáfora, El arte de contar historias, La música de las palabras y la traducción, Pensamiento y poesía y Credo de poeta. De ellos, yo he sentido mayor simpatía por el primero y los dos últimos, en parte, seguramente, porque he encontrado en los mismos un mayor reflejo de algunos sentimientos propios. El libro, en su totalidad, me ha encantado. Lejos de un marco absolutamente teórico, Arte poética versa a través de contenidos filosóficos y metafísicos, lo cual dota al texto de una visión personal que nos acerca a su autor (al menos en mi caso). En definitiva, es un escrito (que en su momento fue un discurso oral) muy cercano. En el filtro a través del que pasa la experiencia de Borges destaca su alejamiento de la teoría pura y la expresión personal.

Y en cuanto a los temas que acontecen, Borges habla desde bien pronto sobre el concepto de poesía alejándose de las limitaciones: “Quiero decir que sus autores escribían sobre poesía como si la poesía fuera un deber, y no lo que es en realidad: una pasión y un placer. (…) la vida está, estoy seguro, hecha de poesía.” 



Esto pone la idea por encima de lo concreto, y aleja el concepto general sobre la poesía para hablar, quizás en mayor parte, de lo que yo conozco como visión poética. Es decir, esa poesía en palabras es tan sólo una manifestación del ser que existe a través de una percepción de la realidad más poética, y que encuentra en las palabras una expresión, en este caso artística.

Esta visión se relaciona también con otras artes como la música o la pintura, que nacen a través de las ideas de la mente intuitiva de ciertas personas.

Estas y otras ideas filosóficas están presentes implícita o explícitamente a lo largo de la obra. Otra interesantes es la de la percepción de la emoción, más allá de las palabras o el significado de las mismas, y este movimiento como elemento suficiente para admirar a los poetas.



Estas son las dos ideas que principalmente han llamado mi atención del libro que, como digo, se aleja de lo teórico. De esta manera logra, al menos en aquellas personas a las que realmente interesa el tema, interiorizar sus contenidos. De una forma ligera debate e introduce preguntas en el lector.

Por lo tanto mi valoración del libro es "muy recomendable". Tanto para a quienes guste el tema como a quienes no, pues como ya he repetido, se aleja de la teoría y se adentra en cuestiones humanísticas como la expresión de las emociones o el lenguaje. Además, cita multitud de ejemplos que pueden servir después para llevar a cabo nuevos descubrimientos, aprender un poco más o, simplemente, despertar el gusto por la poesía.

Espero que os haya parecido interesante y que esta entrada haya movido, al menos un poco, vuestra curiosidad. 

¡Nos leemos!

050

Burbujas de aire níveo
explotan en el océano oscuro.
La chispa de la esperanza se esfuma
en la inmensidad de la apatía.

Rezagados de la ventura,
inconscientes del imperio de la indolencia,
navegáis desde la desesperación hasta el egoísmo,
desde el infierno tangible al infierno moral.

Pero la muerte alcanza a vírgenes y culpables [de su suerte],
a cielos y arenas,

y existirá tal vez el día
en el que la lluvia del vapor de mar
caiga sobre los secos, los tibios,
los ajenos, los lejanos...

Las lágrimas muertas sueñan que su fin es –el fin–,
su agua choca contra el aceite
mientras su espíritu sueña

que existirá tal vez el día,

que existirá,


que existirán.

CCLXI

Mar contra miel.
Miel contra chocolate.
Hablo de cruces de miradas...

015

Está pasando un tiempo
medido con la intensidad de las conversaciones,
con el valor de las palabras superpuestas,
con los silencios que son silencios de significado / y no de habla.

Una ola se ha roto de insignificancia 
contra la caída de la primera lágrima.

Una estrella ha derrochado muerte
mientras era señalada por tu dedo índice.

Luego la noche se ha vuelto oscura
cuando has desaparecido entre las palmeras.

Entonces las farolas me acompañan.
Fallecen conmigo porque ellas también mueren en el amanecer
y dejan su cuerpo y apagan su espíritu
y siguen de pie aunque hayan perdido su razón de ser.

CCLXIX

La lógica será el bálsamo.

014

Esparces humo
que se arraiga
como rastro espía.

Aspiro sus partículas,
llenas de preguntas.
Paso a poseerlas
sustentándolas en mis pulmones.

El trastorno del silencio – por miedo
me enferma.
Estoy saboreando su solución
en la intención de mi saliva,
pretensión vaga
y acostada.

Pero un pulso absorbe
hacia el interior,
dejando paralelas al pulmón
las divagaciones      propias y comunes
fuera del intento de comprensión,
fuera de cualquier intento,
fuera del mérito,
fuera,
pero dentro.